martes, 5 de octubre de 2010

ANALFABETISMO


El siguiente relato es de un muchacho mejicano, pero al leerlo reconocemos voces y frases de muchos de nuestros alumnos.

Textos orales expresados por personas adultas analfabetas

No sé escribir mi nombre…
Juan Manuel Vázquez Ávalos, 18 años, aprendiz de carpintero.
Cuando me subo a un camión no sé cómo se llaman las calles por donde va y lo mismo me pasa cuando voy a pié. Luego me manda mi tía a comprar medicinas y no sé lo que dice la receta ni cómo se llama la medicina que me dan. También me cuesta trabajo contar el dinero para pagar y el cambio que me dan. Cuando voy a comprar ropa o zapatos tengo que pedir que me digan el precio de las cosas aunque lo tengan allí escrito. No sé escribir mi nombre ni el de mis hermanos.

Luego me junto con amigos que sí saben escribir y nomás me les quedo viendo, pues no sé qué están escribiendo. Lo mismo me pasa con mi novia: a veces me da un papel y le tengo que ir a preguntar a mi mamá. La gente en las tiendas del centro se pesa y se mide y yo quisiera hacer lo mismo, pero no sé leer lo que dice la máquina. A veces tengo ganas de comprarme un disco, pero no puedo leer qué canciones son las que trae y no me decido a comprarlo. Me compré un reloj y lo traigo en el pulso, pero no sé decir qué hora es. A veces me prestan un celular, pero no sé marcar los números.

En mi trabajo no puedo medir las tablas con las que tengo que hacer las cosas y luego tengo problemas para ver lo que me pagan.

Como este, se multiplican los comentarios de personas que llegan año tras año a las escuelas de Jóvenes y Adultos. Personas de todas las edades que no pueden firmar, reconocer su nombre o el de sus hijos, se ven privados de realizar trámites elementales para cualquier ciudadano...
Existen otras situaciones de analfabetismo que antes pasaban desapercibidas pero que cada día se convierten en una demanda más urgente. Por ejemplo, recuerdo que en una oportunidad, la Sociedad de Bomberos Voluntarios en un gesto de generosidad para con la Escuela Nocturna, nos prestó el cyber para que una vez a la semana fueran los alumnos a aprender algunas lecciones básicas de computación. Nunca voy a olvidar cuando una de ellas, una mujer de alrededor de 50 años me dijo: "¡¡¡Qué emocionante es poder sentarme frente a la computadora!!! El único contacto que había tenido hasta ahora con una, es el de cada mañana cuando limpio la que está en la casa de mi patrona"...

La Educación de Adultos es un derecho y una posibilidad que no debemos desperdiciar.

Que este nuevo ciclo escolar que en pocos días estaremos estrenando, sea fructífero y nuestro compromiso como docentes permita que muchas personas dejen de estar excluidas de la sociedad a la que pertenecen.



El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación. 

Paulo Freire











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